En medio del laberinto urbano de viandantes, coches y asfalto, Mandrágora se deja caer con asiduidad por el retiro que vio por primera vez con 7 años. Refugio del recuerdo y de las prisas, el pequeño parque por el que corría riendo mientras su madre la miraba le devuelve algo de tranquilidad en medio de tanto caos.
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