martes, 8 de febrero de 2011

Motor Show Festival 2011 y Zaragoza Tattoo Convention


¿Cómo? ¿Coches aquí? Pues sí, porque el pasado fin de semana asistimos a la octava edición del Motor Show Festival, convención zaragozana dedicada a los vehículos de competición, clásicos y tuning. Ya sólo el aparcamiento que había en el exterior daba para pararse un par de veces y ver las motos y coches que allí esperaban, preludio de lo que nos íbamos a encontrar en el interior. A pesar de que la afluencia de expositores ha sido menor que la del año pasado, siempre resulta agradable pasear la vista por los coches de cuando la Ley Seca, los enormes Cadillacs de los 50 y las motos sacadas de Easy Rider, por no hablar de aquellas de los años 20 o los coches europeos de posguerra.




Como decimos, también había espacio para los aficionados a los alerones y los colores chillones así como para aquellos que prefieran, con hilo musical clásico de fondo, las réplicas de los F-1. En general, es también un punto de encuentro de vendedores, tanto de equipos de sonido como de merchandising, de repuestos y de antiguallas además de trastos viejos no siempre entrañables.





A pesar del interés que pudiéramos tener en visitar estos pabellones, aquél por el que íbamos principalmente era el dedicado a la convención de tatuaje. Movidos por los grupos que subidos al escenario marcaban el ritmo en clave de swing, country y rock and roll, nos paseamos entre los stands donde tatuadores aplicaban su arte sobre espaldas, brazos y muslámenes. Repartiendo nuestras tarjetas (que tuvieron una acogida que no esperábamos) y cogiendo las de estos grupos, además de revistas gratis, comer chucherías y echar un ojo a quienes por allí andaban (como Isobel Barley), entablamos conversación con la gente de los puestos. Todo un placer y una gran experiencia para nosotros, que nuestro primer propósito era tan sólo el de curiosear.



Guardamos especial recuerdo de las chicas castellonenses de Presumidas, diseñadoras de moda y complementos vintage/pin-up muy interesantes y que fueron todo un encanto. Con un aire también retro estaban Old School Clothing, tienda cuya marca de ropa Never Again se pudo ver desfilar durante los tres días que duró el encuentro. No se nos olvida tampoco el puestillo de Königin Schädel, que nos llamó la atención por sus camisetas del monstruo de Frankenstein y el de la laguna negra, ni la gente de Paradise Tatoo, ni todas las pin-ups y rockers que vimos por allí. Desgraciadamente, sí se nos olvidan los nombres de otros puestos en los que estuvimos, por lo que a ellos sólo podemos pedirles perdón y darles las gracias. Nos vemos pronto.



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